Cuando se va la luz durante horas, lo primero que se rompe en casa no es el móvil: es la cena. La vitrocerámica no calienta, el horno no arranca, el frigorífico empieza a perder frío y, sin darnos cuenta, tomamos decisiones improvisadas que pueden acabar mal. Cada año los servicios de emergencia atienden intoxicaciones por monóxido de carbono provocadas por algo tan cotidiano como intentar cocinar o calentarse dentro de casa con un aparato pensado para el exterior.
Esta guía os explica cómo cocinar y conservar los alimentos durante un apagón sin poner en riesgo a nadie: qué aparatos sirven y cuáles no, dónde se pueden usar, cuánto aguantan el frigorífico y el congelador, y qué menú podéis preparar sin encender absolutamente nada. Es información para tener resuelta antes de que se vaya la luz, no mientras buscáis una linterna a oscuras.
- Lo primero: la regla que no admite excepciones
- Qué aparatos funcionan realmente sin electricidad
- Cocinar fuera con seguridad: cinco detalles que marcan la diferencia
- El frigorífico y el congelador: cuánto tiempo tenéis en realidad
- Menú de tres días sin encender nada
- Agua, higiene y fregado cuando no hay agua caliente
- Puntos de decisión
- Qué podéis hacer hoy, en quince minutos
- En resumen
- Fuentes y más información
- También te puede interesar
Lo primero: la regla que no admite excepciones
Nada que produzca llama o brasa con combustible (carbón, gasolina, gasóleo, gas de camping, alcohol de quemar) debe usarse dentro de una vivienda, en un garaje cerrado, en un trastero, en una tienda de campaña ni en un balcón acristalado. La razón es el monóxido de carbono: un gas sin color, sin olor y sin sabor que se acumula sin que nadie lo perciba.
Desde mi experiencia en respuesta a emergencias, las intoxicaciones por monóxido casi nunca ocurren por imprudencia evidente. Ocurren porque hacía frío, porque llovía fuera, porque «solo iban a ser diez minutos» y porque la persona dejó la ventana entreabierta pensando que eso bastaba. No basta. Una rendija no ventila lo suficiente para compensar un aparato de combustión, y la víctima suele darse cuenta demasiado tarde: el gas produce somnolencia, y una persona somnolienta no abre ventanas ni sale a la calle.
Señales de alarma que conviene conocer: dolor de cabeza, náuseas, mareo, confusión o sensación de embotamiento en varias personas —o en las mascotas— al mismo tiempo, y que mejora al salir al aire libre. Si aparecen, salid todos al exterior de inmediato, dejad las puertas abiertas y llamad al 112. No volváis a entrar a apagar nada ni a recoger cosas: eso lo hacen los bomberos con medidor de gases.
Qué aparatos funcionan realmente sin electricidad
Antes de improvisar, conviene saber qué tenéis en casa. En un apagón la situación cambia mucho según la cocina:
- Vitrocerámica e inducción: no funcionan. Dependen al 100 % de la red eléctrica.
- Cocina de gas natural o butano con encendido eléctrico: el gas suele seguir llegando, pero el chispero no funciona. Se enciende con un mechero largo o una cerilla, acercando la llama al quemador antes de abrir el gas del todo. Si no prende a la primera, cerrad, ventilad un par de minutos y volved a intentarlo.
- Horno eléctrico y microondas: descartados.
- Hornillo de gas de camping (cartucho de butano): es la opción más útil, pero solo en el exterior: terraza abierta, patio o jardín, nunca en un espacio cerrado.
- Barbacoa de carbón o leña: exterior siempre y sin excepción, alejada de fachadas, toldos y vegetación seca. El carbón sigue emitiendo monóxido incluso cuando ya no hay llama visible, así que jamás se mete dentro para «aprovechar el calor».
- Termo eléctrico: conserva agua caliente varias horas después del corte. Si la necesitáis para asearos, usadla pronto.
Un detalle práctico que se olvida: los cartuchos de gas se agotan sin avisar. Un cartucho pequeño da para unas dos o tres horas de fuego medio. Con dos de repuesto tenéis cubiertas varias comidas durante días, y ocupan menos espacio que un paquete de arroz.
Cocinar fuera con seguridad: cinco detalles que marcan la diferencia
Cocinar en el exterior parece trivial hasta que se hace con viento, prisa y sin luz. Merece la pena preparar el sitio antes:
- Superficie estable y no combustible. El suelo del patio o una mesa metálica. Nunca sobre plástico, mantel de tela o el borde de una barandilla.
- Cortavientos, pero sin encerrar la llama. El viento apaga el quemador y deja escapar gas sin quemar. Una pared a un lado basta; no rodeéis el hornillo por completo.
- Luz frontal, no en la mano. Manipular un cazo caliente con una linterna en la mano es la receta clásica de las quemaduras. Un frontal deja las dos manos libres.
- Un adulto siempre presente. Niños y mascotas, a distancia. A oscuras y en el exterior, nadie ve un cazo hirviendo a la altura de la cintura.
- Cerrad el gas del cartucho al terminar, no solo el mando del hornillo, y dejad que el aparato se enfríe antes de guardarlo.
Para quemaduras leves: agua del grifo templada o fresca sobre la zona durante 15 o 20 minutos. Nada de hielo, pasta de dientes, aceite ni remedios caseros. Si la quemadura es extensa, afecta a la cara, las manos o una articulación, o forma ampollas grandes, buscad atención sanitaria; con la luz cortada, llamad antes por teléfono para saber a dónde acudir.
El frigorífico y el congelador: cuánto tiempo tenéis en realidad
Esta es la parte que más dinero y más disgustos ahorra. Las reglas prácticas son sencillas:
- Frigorífico cerrado: mantiene una temperatura segura unas 4 horas.
- Congelador lleno y cerrado: aguanta aproximadamente 48 horas. A media carga, la mitad: unas 24 horas.
- La puerta es el enemigo. Cada apertura tira por tierra el cálculo. Decidid qué vais a sacar antes de abrir, sacadlo todo de una vez y cerrad.
La referencia de temperatura que interesa memorizar: el frigorífico debe estar a 4 °C o menos y el congelador a −18 °C. Un termómetro de nevera cuesta muy poco y convierte una duda («¿esto estará bien?») en un dato. Sin él, la regla de seguridad es la de las 2 horas: los alimentos perecederos —carne, pescado, leche, huevos, platos cocinados, sobras— que hayan pasado más de dos horas por encima de 4 °C no deberían consumirse. En pleno verano, con la casa por encima de 32 °C, ese margen baja a una hora.
Cuando vuelva la luz, el criterio para el congelador es el estado del producto, no el aspecto de la puerta: si los alimentos todavía conservan cristales de hielo o están a 4 °C o menos, se pueden volver a congelar (la textura empeora, la seguridad no). Si se han descongelado del todo y han estado templados durante horas, hay que desecharlos. Y una regla que repito siempre: ante la duda, se tira. El olfato no es un detector fiable, porque muchas bacterias no cambian ni el olor ni el sabor de la comida.
Menú de tres días sin encender nada
La forma más segura de resolver un apagón es no depender del fuego. Un menú «frío» bien planteado cubre tres días sin cocinar ni una sola vez:
- Base: pan de molde o biscotes, tortitas de arroz, galletas saladas, cereales.
- Proteína lista para comer: atún, sardinas, mejillones, paté, legumbre cocida de bote (los garbanzos y las alubias se comen en ensalada sin más), frutos secos.
- Fruta y verdura: fruta que no necesite frío (manzana, plátano, naranja), tomate, maíz y pimiento de bote, gazpacho envasado.
- Energía y ánimo: chocolate, miel, dátiles, galletas. Suena frívolo hasta que lleváis ocho horas a oscuras con niños en casa.
- Bebida: agua embotellada, calculando 3 litros por persona y día entre consumo de boca e higiene básica.
En los centros de acogida donde he trabajado, lo que más me sorprendió no fue la falta de comida: fue el efecto que tenía una sola comida caliente al día sobre el ánimo de la gente. Si tenéis hornillo y un sitio seguro en el exterior, priorizad una cosa caliente —una sopa, un café, un caldo— y resolved el resto en frío. No hace falta cocinar tres veces al día; hace falta un momento caliente que ordene la jornada.
Prioridad al vaciar la nevera: primero lo que ya está abierto y lo más perecedero (leche abierta, platos cocinados, carne picada), después lo cerrado y, en último lugar, el congelador, que es vuestra reserva de frío. Los alimentos congelados agrupados en el centro y pegados entre sí se conservan bastante más que dispersos por los cajones.
Agua, higiene y fregado cuando no hay agua caliente
Un apagón prolongado puede afectar también al bombeo del agua en edificios altos. Si vivís en un piso alto, llenad pronto la bañera o unos garrafones para el uso no potable (cisterna, limpieza) y reservad el agua embotellada para beber y cocinar.
Para lavarse las manos antes de comer cuando hay poca agua: gel hidroalcohólico o toallitas. Fregar los platos con agua fría y sin detergente suficiente es una vía habitual de problemas digestivos en emergencias, así que la solución práctica es reducir el fregado: platos y vasos desechables durante los días críticos, o forrar el plato con film o papel de aluminio y cambiarlo en cada comida. No es elegante, pero evita el problema de raíz.
Puntos de decisión
Cuando la luz se va, estas son las cuatro preguntas que conviene responder por orden, sin improvisar:
- ¿Cuánto va a durar? Consultad la web o el teléfono de vuestra distribuidora eléctrica y la información de Protección Civil. Menos de 4 horas: no toquéis el frigorífico y comed en frío. Más de 12 horas: activad el plan del congelador y el menú sin cocinar.
- ¿Tengo un sitio exterior seguro para el fuego? Si la respuesta es no, la decisión está tomada: se come frío. No hay comida caliente que compense una intoxicación.
- ¿Hay alguien vulnerable en casa? Bebés, personas mayores, embarazadas o personas con enfermedades cardíacas o respiratorias son mucho más sensibles al monóxido y a las temperaturas extremas. Con ellos en casa, el margen para improvisar es cero.
- ¿Dependo de la nevera para algo médico? Insulina u otros medicamentos refrigerados: preguntad en vuestra farmacia el margen real de conservación de vuestro producto y preparad una nevera portátil con acumuladores antes de que suba la temperatura.
Qué podéis hacer hoy, en quince minutos
- Comprobad si vuestra cocina se puede encender manualmente con un mechero largo y dejad ese mechero o unas cerillas en un cajón fijo de la cocina.
- Congelad dos botellas de agua llenas al 80 %. Ocupan el hueco del congelador (que así funciona mejor), sirven de acumulador de frío para pasar comida a una nevera portátil y, al derretirse, son agua potable.
- Poned un termómetro dentro del frigorífico y otro en el congelador.
- Revisad que tenéis comida para tres días que no necesite ni fuego ni frío y anotad en el móvil la fecha de caducidad más cercana.
- Si tenéis hornillo de camping, comprobad el estado del cartucho y guardad dos de repuesto en un sitio fresco, lejos de fuentes de calor.
- Hablad un minuto con quien viva con vosotros: dónde se cocina si no hay luz y, sobre todo, dónde no se cocina nunca.
En resumen
Cocinar durante un apagón es fácil si la decisión importante ya está tomada de antemano: el fuego, fuera de casa siempre; dentro, se come en frío. El frigorífico os da unas 4 horas y el congelador lleno unas 48 si mantenéis las puertas cerradas, y la regla de las 2 horas por encima de 4 °C decide lo que se conserva y lo que se tira. Con una despensa de tres días que no necesite ni nevera ni fuego, un hornillo para un único momento caliente al día en el exterior y agua suficiente, un corte de luz deja de ser una emergencia y pasa a ser una molestia.
Eso es exactamente lo que se busca con la preparación: no vivir pendientes del desastre, sino haber decidido antes aquello que no se puede decidir bien a oscuras y con hambre.
Fuentes y más información
- Dirección General de Protección Civil y Emergencias — proteccioncivil.es (recomendaciones de autoprotección y avisos)
- Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) — aesan.gob.es (conservación de alimentos y cadena de frío)
- Emergencias: 112 en todo el territorio europeo
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Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye a las indicaciones de las autoridades de vuestra localidad ni a un consejo médico. En caso de emergencia, seguid siempre las instrucciones de Protección Civil y de los servicios de emergencia.
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